El diagnóstico de la Leishmaniosis canina

Textos revisados por: Dr. Fernando Fariñas Guerrero,  Centro de Inmunología Clínica, Enfermedades Infecciosas y Patología • CEIP Málaga “Ynmun” Asociación Española para el Estudio de Enfermedades Inmunológicas e Infecciosas

La leishmaniosis canina es una enfermedad compleja y su abordaje diagnóstico no siempre es sencillo. El continuo avance en el conocimiento de la enfermedad ha ocasionado numerosas revisiones y cambios en los paradigmas de los protocolos diagnósticos. Hoy disponemos de guías publicadas por grupos de expertos internacionales que han conseguido establecer pautas muy claras y definidas para el diagnóstico de esta enfermedad.

  1. Los 3 pilares fundamentales del diagnóstico de la leishmaniosis son:

  • Más que una enfermedad puramente parasitaria, la leishmaniosis es una enfermedad inmunológica

  • Es imprescindible diferenciar infección de enfermedad

  • La leishmaniosis requiere un diagnóstico clínico: no existe una técnica de laboratorio que nos ofrezca por sí sola un diagnóstico inequívoco, siendo necesaria la evaluación clínica del paciente

En las zonas endémicas, un gran porcentaje de la población canina y un porcentaje desconocido del resto de mamíferos están INFECTADOS por el parásito. Muchos de ellos convivirán con el parásito toda su vida sin que éste les ocasione ningún problema. Solo aquellos animales cuyo sistema inmune en un momento dado establece una respuesta inadecuada (Th2) desarrollan la ENFERMEDAD. De hecho, es la respuesta Th2 incorrecta y la consecuente producción de elevadas cantidades de anticuerpos la causa y el origen de toda la sintomatología, inicialmente por formación de inmunocomplejos que ocasionan graves lesiones en diversos órganos y tejidos, y más adelante por fenómenos de autoinmunidad e inmunosupresión.

Resulta evidente que la parte fundamental del diagnóstico laboratorial de la leishmaniosis ha de realizarse con técnicas SEROLÓGICAS: si son los anticuerpos los que causan la enfermedad, es de vital importancia saber si el animal los tiene y, sobre todo, en qué cantidad.

  1. ¿Por qué es tan importante cuantificar los anticuerpos?

En las zonas endémicas, donde los perros están continuamente expuestos al parásito, la presencia de una cierta cantidad de anticuerpos anti-leishmania no significa necesariamente que el sistema inmune de ese animal haya fallado y, por lo tanto, no se le puede catalogar de forma automática como enfermo.

 

El que un perro expuesto, pero clínicamente sano, sea serológicamente positivo puede ser debido a dos motivos:

-  La respuesta Th1 también induce la formación de anticuerpos, aunque muchas veces en baja cantidad.

-  Un contacto con el parásito suele inducir inicialmente la producción de una cierta cantidad de anticuerpos, que, en el caso de un animal inmunocompetente, irán disminuyendo mientras se va estableciendo una inmunidad celular protectora de memoria.

Además de ocurrir en la infección natural, este hecho se ha visto también en el caso de los perros vacunados contra la leishmaniosis, que inicialmente desarrollan anticuerpos frente a los antígenos vacunales para dar paso posteriormente a la producción de linfocitos T de memoria específicos. La cinética de los anticuerpos es lenta, por lo que, tanto los que se producen por el contacto con el parásito como los anticuerpos vacunales, pueden tardar meses en desaparecer o incluso mantenerse en niveles bajos por un tiempo indefinido. En ese sentido, la hipótesis de que la exposición continuada al parásito en un perro vacunado puede actuar como “booster” estimulando la producción de nuevos picos de anticuerpos, parece bastante lógica.

Por lo tanto, a la hora de valorar la serología de un animal, deberemos tener en cuenta:

-  La titulación con respecto al corte del laboratorio: saber que es positivo no es suficiente.

-  La evolución en el tiempo: una titulación baja puede no ser significativa cuando es transitoria o se mantiene baja a lo largo del tiempo. En cambio, un incremento de más de 2 diluciones puede indicar enfermedad o recaída.

3. Utilidad y limitaciones de las distintas técnicas diagnósticas para la leishmaniosis

Técnicas serológicas cuantitativas: Como hemos visto, son las técnicas más adecuadas para el diagnóstico de la leishmaniosis. Si consideramos a la leishmaniosis como un proceso inmunológico, la medición de los anticuerpos es la medida más directa de la enfermedad y su gravedad. La IFI es la técnica más utilizada y se considera “gold standard” por los especialistas.

Test serólogicos rápidos  (ELISA o inmunocromatografía):La mayoría de estos tests se han diseñado básicamente para realizar screenings profilácticos en animales asintomáticos. En el caso de Speed Leish K se desarrolló específicamente para facilitar el screening pre-vacunación. Suelen ser muy sensibles, ya que los fabricantes los calibran para que detecten cantidades muy bajas de AC y así reducir al máximo los falsos negativos (en algunos tests incluso por debajo del 2%). Pero eso también significa que van a dar como positivos algunos perros con títulos muy bajos, que pueden estar incluso por debajo del punto de corte del laboratorio en el que el clínico realiza las IFIs. Este hecho no se consideraría un falso positivo (algunos test tienen una especificidad del 100%) porque, de hecho, el animal sí ha estado expuesto al parásito y sí tiene anticuerpos, pero la cantidad puede ser tan baja que no entre en la categoría de animal enfermo.

Al ser tan sensibles, en estos tests un resultado negativo tiene un buen valor predictivo. Por el contrario, un resultado positivo siempre se debe cuantificar. En caso de test positivo e IFI negativa, el diagnóstico se deberá considerar negativo. No tiene demasiado sentido tomar la decisión de catalogar a un animal como enfermo de leishmaniosis e iniciar el tratamiento basándonos solo en un test rápido. Igualmente, aunque el porcentaje de falsos negativos sea bajo, no es del 0% para ningún test rápido del mercado.

Citología y biopsia: Aunque estas técnicas son directas y, al igual que la PCR, se centran en la detección del parásito y no de los anticuerpos, el hecho de visualizar amastigotes vivos dentro de los macrófagos tiene mucho más valor diagnóstico que la simple detección de ADN parasitario. El problema radica en la baja sensibilidad: un resultado negativo no permite descartar la enfermedad. Estas técnicas también resultan muy útiles para el diagnóstico de formas localizadas (granulomas, chancro de inoculación, etc). En ese caso, debemos tener en cuenta que, en el perro, 3 de cada 4 leishmaniosis localizadas pueden terminar evolucionando en meses o años hacia una leishmaniosis generalizada.

Proteinograma : Se ha utilizado mucho por ser una técnica sencilla y económica pero, dada su inespecificidad, no debe reemplazar a las técnicas serológicas que nos permiten detectar específicamente los anticuerpos anti-leishmania. Un perro con leishmaniosis puede presentar diferentes perfiles de proteinograma: lo más habitual son las hipergammaglobulinemias policlonales (indiferenciables de otros procesos infecciosos) pero, a veces, se dan también las monoclonales (compatibles también con procesos tumorales hematolinfoides –linfomas, mieloma múltiple,…)

 
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